Ni una cosa ni la otra. Los errores tienen un papel constructivo en los procesos de aprendizaje (Piaget). Son oportunidades de aprendizaje.

Piaget, dentro de su teoría constructivista, ya nos hablaba del concepto del error como parte del mismo proceso de aprendizaje y como un hecho normal en el complejo proceso de resolución de problemas. Sin embargo, socialmente y en la práctica educativa sigue considerándose como algo negativo y rechazable. Para mí es un objetivo muy presente a trabajar en casa, ya que yo misma en mi proceso de re-educación, he descubierto las implicaciones personales que puede llevar tener miedo a equivocarse. Es algo que se va transmitiendo sin darnos cuenta en multitud de comportamientos y va calando despacio en nuestra mente, desde nuestros entornos más cercanos como son el hogar y la escuela. A través de estas ideas vamos generando una creencia de que debemos ser perfectos, y de esta manera ocultar nuestras equivocaciones, ponernos una máscara y convertirnos en lo que no somos.

 ¿Qué es el error?  

El error es un efecto o consecuencia no deseada de una determinada acción y es una constante en todo proceso de enseñanza-aprendizaje (ensayo-error) y para poder superarlo es necesario aceptarlo, descubrirlo y tomar conciencia de él en la confrontación de la realidad.

Es parte del ser humano, y como seres humanos que somos, cometemos errores. Cambiemos esa creencia negativa sobre los errores, rompamos ese sufrimiento, siendo humanos, vulnerables y dándonos PERMISO para equivocarnos abiertamente. Somos imperfectos, podemos mejorar, avanzar y aprender de los errores, buscando soluciones.

¿Cómo podemos trabajar, a nivel familiar, este concepto siguiendo la Disciplina Positiva?

  • Como ya hemos indicado anteriormente, trabajar este concepto requiere tiempo y modelaje adulto. Es importante fomentar con nuestros/as hijos/as, la aceptación de los errores, descubriendo y tomando conciencia de los mismos y para ello es necesario, en primer lugar, desde mi punto de vista, que nuestros hijos aprendan a identificar los errores, los afronten sin miedo,  pidan ayuda (cuando sea necesario) y aprendan a corregirlos.
  • Cuidar el lenguaje que usamos para hablar sobre los errores. Este punto lo estamos puliendo en casa. Categorizar el error en términos de “bueno o malo” (por ejemplo, decir “Helena equivocarse es bueno, nos ayuda a aprender”), es otorgar una etiqueta al error que puede llevar al niño a confusión si no existe aún una interiorización del mismo; por ejemplo, podría llegar a pensar que equivocarse o fracasar es bueno. Por tanto, desde mi experiencia personal y práctica, se deben evitar las etiquetas de bueno o malo al hablar del error, ya que nos aleja del aprendizaje que buscamos. Podemos usar expresiones como “útil”, que nos distancia de la culpa o el juicio y nos centra en soluciones.
  • Aceptar el error como parte de la vida. De este modo, es importante que nuestros hijos vivan en un entono donde el error forme parte de la vida, que se le dé nombre, se visualice, se exprese, se valide y se viva con naturalidad y aceptación. Por ejemplo, mientras comemos todos juntos o en algún momento de la jornada, expresar cada uno de nosotros algún error que hayamos cometido a lo largo del día y cómo lo ha resuelto.
  • Aprender a afrontar los errores con responsabilidad. Comentaba ayer Marisa Moya cómo un mal tratamiento del “error como oportunidad de aprendizaje” podría dar lugar a confusiones que nos lleven al tratamiento del error desde la permisividad o confusión. Marisa explicaba este ejemplo en el hilo de ayer: “… no es lo mismo pegar que no hacerlo, y no es lo mismo llamarte pegón por agredir que dejar claro que no se acepta la conducta, que no se te hace pagar por ello y que es imprescindible ponerse a valorar, revisar, discernir y llegar a acuerdos enfocados a soluciones para mejorar la habilidad”. Firmeza y cordialidad; la firmeza es sustancial en el error, no podemos olvidarnos de ella o estaríamos invitando a los niños al ejercicio de la no responsabilidad sobre sus actuaciones”.
  • Educar niños resilientes. La resiliencia es la capacidad que muestran algunas personas para sobreponerse a situaciones traumáticas o al fracaso. Por ello, la importancia de modelar como adultos una visión más sana acerca de los errores desde muy temprana edad. El miedo a cometer errores es uno de los obstáculos más potentes para su desarrollo integral y social. Los niños resilientes tienden a ver los errores como oportunidades de aprendizaje, además de saber que nada dura para siempre, por lo que la frustración que sienten al equivocarse se acaba y pueden pensar en nuevas opciones de solucionar su problema. En contraste, los niños que no son educados en este concepto a menudo experimentan los errores como indicadores de fracaso. En consecuencia a esta falta de optimismo, se suma que suelen retirarse de todo aquello que representa un reto y se sienten incapaces de solucionar los obstáculos que se les presentan.
  • Buscar la mejora no la perfección. Cambiar la visión negativa del error asociada al miedo, la culpa y el juicio por una visión como oportunidad de mejora, donde el niño pueda valorar, tomar decisiones, reflexionar y crecer. Esto es un proceso que requiere tiempo, interiorización y modelaje, no se da de hoy para mañana, pero es una gran herramienta trabajar el error como oportunidad para aprenderLa idea es esforzarse en mejorar, no en alcanzar la perfección. La perfección es una expectativa muy poco realista y muy desalentadora para quienes sienten que deben alcanzarla. Los/as niños/as prefieren no intentar las cosas cuando no se encuentran a la altura de la perfección que un adulto espera de ellos/as. Reconocer que un/a niño/a mejora es motivador e induce a continuar esforzándose.
  • Expresar y validar las emociones. Ir más allá del “no pasa nada”. Otro punto a trabajar en casa. Cuando nos equivocamos, es natural tener sentimientos de rabia, frustración, tristeza, etc. Entonces, realmente sí que pasa algo. No es estupendo ni agradable equivocarse para la mayoría de nosotros/as. Reconocerlo y darle nombre es fundamental.
  • Soltar. Dejarles experimentar y permitirles que se equivoquen. En muchas ocasiones con nuestros actos e intervenciones constantes les estamos transmitiendo sin palabras creencias de “no puedo”, “hay que ser perfecto”, “no lo hago bien”.
  • Trabajar con los errores buscando soluciones. Es importante profundizar en lo que se puede aprender dejando atrás el sufrimiento y la culpa. Desde la Disciplina Positiva, Jane Nelsen nos da 4 pasos fundamentales para aprovechar los errores como oportunidades de aprendizaje:
    • Recogerse: “Cometí un error”. Consiste en tomarnos el tiempo que necesitemos para calmarnos y conectarnos con nosotros mismos.
    • Reconocer: “Fue un error intentar hablar cuando aún estaba alterada”. Podremos acceder a él cuando estamos calmados. Es el momento donde vemos lo que ha ocurrido, reconociendo y responsabilizándonos del error cometido.
    • Reconciliarse: “Lo siento”. Consiste en tener un gesto de reconciliación con la persona que ha sido afectada por el error. Pidiendo disculpas, un abrazo, una carta, etc.
    • Resolver-reparar: “Trabajemos juntos en la solución”. Encontrar una solución conjunta para que no vuelva a suceder.

Finalmente, os dejo 3 propuestas para seguir trabajando este tema:

  • Un libro que ayer recomendó mi compañera Carmen Fernández sobre el tema de los errores: La niña que nunca cometía errores (pincha en el nombre del libro que tiene enlace)
  • Un artículo sobre cómo reacciona tu cerebro ante los errores. (Pincha en el subrayado que tiene enlace) Trabajar la conexión con los niños, desde bien pequeños, favorece el desarrollo de la parte racional del cerebro y los procesos de autorregulación y emocionales, fundamentales para crecer de manera feliz y saludable.
  • Una actividad para los padres, que podéis hacer individualmente o en pareja, que se trabaja en los talleres de Disciplina Positiva y que nos ayuda a reflexionar como adultos sobre los errores y nuestra visión de ellos:

ENTREVISTA SOBRE LOS ERRORES. (Extraído del Manual de Disciplina Positiva)

  1. Piensa en una ocasión en la que tu hijo/a cometió un error y fuiste comprensivo/a y alentador/a (motivador/a) con él/ella. ¿Qué hiciste? ¿Cuál fue el resultado de lo que hiciste? ¿Qué crees que aprendió tu hijo/a por esa experiencia? ¿Qué herramientas? ¿Qué habilidades? ¿Qué aprendiste tú?
  2. ¿Qué tipo de conductas realizas para evitar cometer errores o para evitar que otras personas se enteren si los cometes?  ¿Cómo te sientes cuando cometes uno?
  3. ¿Qué crees que los errores podrían significar para tu (s) hijo/a (s)?
  4. ¿Cuáles son los mensajes, explícitos o implícitos, que escuchaste de tus padres acerca de los errores? En base a esos mensajes que escuchaste sobre los errores, ¿qué decidiste sobre los errores y sobre ti mismo?
  5. Piensa en una ocasión en la que tu hijo/a cometió un error y no tuviste esa actitud de apoyo y aliento: ¿Qué hiciste? ¿Cuál fue el resultado de lo que hiciste? ¿Qué crees que aprendió tu hijo de esa experiencia? ¿Qué herramientas? ¿Qué habilidades? ¿Qué aprendiste tú?

Sacad vuestras propias conclusiones. Tu mejor maestro es tu último error. Espero tus comentarios. ¡Un saludo!

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